domingo, 27 de diciembre de 2015

amor libre

amor libre, amor libre, suspirabas tú,
en los momentos de silencio y sinceridad
ojo contra ojo
mano sobre mano.
amor libre, con la condición
de que sigas queriéndome.

pero vida mía,
en el amor no hay cláusulas
ni condiciones
el amor no entiende
de aunques, peros y concesiones

que no, que el amor
no es una regla de medir
no es un reloj
ni una calculadora.
tampoco es una biblia
con lecciones sobre el bien y el mal
ni un juez
ni unos padres moralistas.

y que la libertad,
es lo que tiene.
que si abres las ventanas
entra el aire fresco,
la lluvia que limpia,
el sol caliente,
en resumen,
un flujo de vida imparable.

pero si abres las ventanas
pueden entrar más pájaros,
y salir, o quedarse.
y que hay piares que se te clavan
en las costillas
que son mariposas
y cosquillas

que, en resumen,
te aportan
un trozo
más
de vida
de otra vida
que se quiere quedar.

amor libre, suspirabas.
que me quieres libre, canturreabas.
pues libre me tienes,
en la distancia,
fuera de tu alcance.

mi corazón, mientras tanto,
late a latigazos
de ganas de vivir mi nueva vida.
y arde agridulce
cuando giro mi cabeza
para rebuscar en los recuerdos
y te encuentro con esa mueca
de sorpresa y decepción.

arde de dolor y de culpa
al mirarte y no verte,
al tocar algo que ya no existe.

cómo explicarlo,
si el amor es así
líquido como el agua
resbaladizo entre las manos
 bruma que no vuelve.

Lo siento,
pero ahora,

me siento yo. 

martes, 22 de diciembre de 2015

Atlas de geografía

    Soltar los tigres,
    correr desnuda,
    ver las plumas volar; gritar; estornudar…
    poder ver a través del espejo geografía en mi cuerpo.

Anhelo apretar las rosas con fuerza
trazar mapas con sus espinas
y mis líneas de los dedos.
Con la tinta roja de mis manos
delinear rutas en mis mejillas
que bajen por mi cuello,
que formen lagos en mis clavículas,
dónde quien quiera pueda bañarse,
nadar o ahogarse.

Que después por lluvia o por llanto
se desborden los lagos a tragos,
mientras las olas de sangre y espuma
escupen estragos y evaporan desgarros.
Y así las aguas rieguen mis montes,
mis depresiones, mis rutas secretas.
Y así la hierba vuelva a crecer
entre la espesa niebla.

Que las líneas de acuarela roja
sean esclavas de la gravedad.
Que, sumisas, se dejen caer,
y que a su paso establezcan
fronteras para los precavidos;
trincheras para los cobardes;
paraísos artificiales para los ilusos.

Que las gotas nunca se despeguen
de mis valles de piel,
para colonizarlo todo
con musgo y velcro,
con angustia y éxtasis.

Porque ansío crear el imperio más salvaje
sin arrancar cabelleras,
sin que rueden cabezas,
sin cortar ninguna lengua.
Lo ansío incompleto y caótico
desprevenido, improvisado.
Lo quiero así,
aunque esté repleto
de vacíos legales y existenciales.

Para crearlo
coseré precipicios desbocados,
untaré de sol mi piel de gallina,
lanzaré truenos entre sístole y diástole,
lloveré un mar entre mis piernas
donde plantaré una rosa como la que aprieto,
entre zarzas de algodón,
y mentiras de caramelo.

Ven, te enseñaré mi imperio,

sólo si entras dentro. 

La mosca y el hilo

Y al cerrar los ojos absorberemos la oscuridad, los llenaremos de noche.
La realidad se tornará surrealista, las atrocidades se convertirán en caricaturas,
y la verdad se postrará desnuda tras un velo opaco.

Cuando las pupilas se funden con la noche lo último que veo es una mosca en la pared.
La mosca en la pared arrastra un sueño, un hilo de color rojo que resalta en la pared blanca.
Tras él oigo el eco de un grito ahogado, siento el sabor de una lágrima amarga.
De repente, aunque no haya luz, sé que la escena cambia, pero no sé en qué lugar.
Es al gato a quien quiero perseguir pero es gris como mis zapatos y pierdo el equilibrio.
Es difícil correr de esa manera, una sombra me impide mover las piernas, actuar, recorrer, llegar.
Sin buscarlo me he adentrado de nuevo justo en el lugar ese tan oscuro, en el que nunca vi nada pero conozco tan bien. Me pregunto cómo he llegado allí, si estoy sola o tan sólo conmigo misma. Entre paso y paso destartalado se cuela ese zumbido intruso. La mosca sigue arrastrando el hilo, velando en mis pesadillas. El gato se ha perdido. Odio ese lugar, extrañamente familiar y vacío. Recuerdo que en mi infancia la luz nunca faltaba y todo era más dulce cogida de esa mano arrugada, cálida. Ahora las mías bailan solas, se les caen cosas, se les resbala el agua. Dónde era tan fácil pasear ahora es tan sencillo perderse.

Y he  llegado a esa casa que ya nunca es segura. La puerta siempre acaba abriéndose y entran los extraños. En silencio me trago mi frustración, invoco a la inercia. A contraluz distingo esos pantalones, esas nueces con barba. Otra vez el mismo sueño.  Mi corazón late expectante mientras la mosca se retuerce entre zumbidos y el hilo rojo cae al suelo. Toso, siento un sabor amargo y de mi boca sale una sangre que no sabe a la mía. Tengo que escupir y expulsarla, porque sé que esa sangre no es mía. La mosca busca su hilo rojo. El gato ha reaparecido y se ha sentado en mis zapatos grises. Escupo por última vez y al fin atrapo lo que sangraba en mi garganta. Abro mi mano y ahí se encuentra la mosca, sin ala y sin zumbidos. En el suelo la sangre ha confeccionado un vestido rojo, uno que nunca me pondré, pero conservaré un hilo.


Tras este incidente, mi miedo se ha evaporado, la extraña soy yo y no esas corbatas en punta. Ves, te dices, al final nunca pasa nada. Al final las sombras acarician las paredes de tu casa, pero nunca pasa nada. Que no hay más sombras que las que uno quiere ver, te dices.

Gravedad

La vida cae como un sueño que se resbala por mis piernas, una vida que es roja y líquida, natural e implacable, porque cae hacia abajo silenciosa y con  la fuerza de las corrientes de aire que tumban y descolocan todo lo que ordenadamente construimos. 
En horizontal soy yo la espectadora, y mis pestañas fotografían la vida que se les escapa a otros.
En vertical soy yo la presa y oprimida, y mis ojos solo pueden llorar al ver toda la vida que cae rozando mis rodillas. 

Y mis pies, como los tuyos, caminan  frágiles y engarrotados por el Imperio de la Gravedad: el miedo los encoge y paraliza, y, aunque sin rastro de sangre por fuera, los destroza por dentro.  Y una vez inmóviles los huesos, la sangre se vuelve blanca, y después, transparente, y al final, se evapora.  De todas maneras, así lo han dictado las leyes que flotan en el aire, que cuelgan en mis perchas y que visten mis vestidos de piel.  

Cae y está bien, es así, me gusta, pero todo lo mancha, y las manchas cuestan de irse. Y siento como todo sale de mí, para mojar y ensuciar las otras cosas. Es mío pero sale de mí, se aleja de mí. 
Y podría estar de pie, desnuda, durante cinco días sin moverme, con mis pies bañados de rosas líquidas. Sólo de ese modo observaría como cae la vida sin que nada se lo impida, con su olor intenso que permanecería en el recuerdo aunque la vida se secara y sólo dejara rastros de pintura roja seca. 

Y sería capaz de inundar la habitación de vida, aunque todo fuera un desastre, porque sé que me acabaría ahogando, pero no, no, porque es vida. 
Sin embargo me doy cuenta, que la vida nos mató desde el primer momento en que alguien nos consideró  como una nueva vida, aunque tuviéramos  los ojos cerrados.  El primer respiro de aire contaminado en hospitales blancos fue nuestra sentencia de muerte y vino con un grito; es  por eso que salía sangre por doquier. 

Menos mal que luego supimos como limpiarla de nuestros cuerpos, para pintar y embellecer lo que nos rodeaba,  y para que volviera a fluir de nuevo dulcemente algún día cuando tú (y yo) me despojaras de mi virginidad. El último respiro fue más silencioso y significó nuestra sentencia de vida. La muerte al fin vivió, porque la vida la mató. 
Esta es la historia real,  horrorosamente bella, catastróficamente ordenada. Y cómo aún, cómo todavía soy capaz de pensar que podría cerrar mis piernas muy fuerte, para encerrar la vida? Deja de ser mía si la dejo volar? O sólo será mía cuando aprenda que debe marchar para impregnarlo todo de pintura roja seca?


17-11- 2013 / 13-02-2014

Qué alivio

Qué alivio,
saber que estás sentado en algún lado,
mientras tu sístole aguarda a tu diástole,
abriendo ese ciclo eterno
que te sopla los respiros
y te aspira los suspiros.

Qué consuelo,
acordarme de que si tengo hambre
puedo alimentarte de apetito
mientras te beso los labios
y callados nos comemos y bebemos
sin rechistar obedecemos
al instinto que ordena
que hay que engulir la gula,
porque fuera de la boca
y de otras cavidades
muere como un pez en la arena.

Qué alegría
poder convertirte en recuerdo
y a la vez en idea
o poder concebirte como algo inalcanzable
como una silueta de acuarela
negra y esbelta, como tú eres,
con tu abrigo de señor
caminando y difuminando la niebla
Adentrándote en un bosque cabizbajo
para convertir los pensamientos en vaho
para deshacer esa espiral
de las dudas de leche
que nos mantienen vivos.

Qué tranquilidad,
poder darme ese placer
de definirte así,
como si tu sólo fueras esto
un mero muso
que me enzarza con las musarañas
y me hace decir estupideces
sobre amor ácido y belleza brumosa

Qué barbaridad,
Sentir ese torbellino de impulsos
a veces gritados
otras muchas cosidos en los labios
para no perderme y ponerme
a llorar por llorar
Cogerte la mano
como si fueses
una y copulativa
pero siempre, siempre,
con una coma al lado
para que yo sea yo
y tú seas tú, en un mundo entre comillas.

31-01-2015