Cuando se ponía a mirar fotografías antiguas, se hundía en ellas, y llegaba a encontrarse en los años veinte, caminando por las callejuelas de Chicago. En el rincón de un bar, bebía alcohol en compañía de un joven trompetista, músico genial, al que sus compañeros llamaban Satchmo.
Y en la calma de la noche, escuchaba un disco, y Satchmo la llevaba a pasear por las líneas de algunas partituras. Otras noches, otras fotografías la conducían a la fiebre de los clubs de jazz; bailaba al ritmo de los endiablados ragtimes, y se escondía cuando la policía llevaba a cabo redadas.
Inclinada durante horas sobre una foto tomada por William Claxton, había dado con la historia de un músico tan bello y apasionado que se había enamorado de él.
Fotos de William Claxton



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