
Esta mañana, el pie izquierdo con el que me he levantado me ha llenado de ideas Sinsentido.De repente, me han entrado unas terribles ganas de desayunarme al vecino y así de paso le hacía un favor, porque le gusta coleccionar miradas de chicas raras. Peeero..no estaba en casa, así que le he dejado dos pestañeos en un sobre y lo he metido en su buzón. Después he salido a las feas calles de mi barrio con la polaroid, para sacar fotos a las niñas que hablan solas y hablan muecas.
Y aprovechando que hoy el viento soplaba muy fuerte, me he puesto mi falda de volantes más ligera. Y el viento como siempre tan pícaro él, queriendo saber a todo momento que hay debajo de mi falda. Y he dado ciento veintisiete vuuueltas bailando por la playa, mientras el Sol me mojaba la cara y me decía ¡nena, que soy el colorete más natural!
Aaaah. Llego a casa muerta. Y noseporqué preparo una cena para 2 y abro el vino ese tan caro que no podía abrir hasta mi cumpleaños. Y se me ocurre invitar al señor Chapelier, que me ha contado que mañana se vuelve a París, a vivir su Último Mes (o eso le han dicho unos señores que llevan batas blancas) Con una copa de vino en la mano, hemos bailado el toooooda la noche el jazz más maravilloso, que escapaba de la voz de Chet Baker, susurrada en un disco de vinilo que giraba sobre el gramófono.
-Señor Chapelier, espero que su memoria abrace esta canción y no la suelte nunca
-Perdón querida ¿Qué decías?
-Nada. Baile señor Chapelier. Baile
Ahí va una del dulce Chet